febrero 27, 2015

Remendar el alma hecha jirones

"Ve a menudo a la casa de tu amigo, pues la maleza prolifera en un sendero no recorrido." Ralph Waldo Emerson.



Es ese rescate el que con mucho le hará sufrir. Ese rescate necesario y contradictorio, contundente, el que debería servir de norma sistemática en nuestros presentes porque, doloroso o no, motiva el crecimiento. 
Nadie es capaz de escoger sin miedo, nadie salva a nadie si no tuviera miedo de perderlo, nadie arriesga sin miedo a perder, nadie declara una guerra sin... Eso, el miedo. Me pregunto quién es más cobarde, si el que nunca lo siente o el que nunca lo enfrenta porque ambos tipos de personas quedan confinados a un espacio muy reducido donde su actividad no supone una amenaza, al menos previsible, para su estabilidad física, mental, social y emocional.

El miedo es jodido, en ello estamos de acuerdo. Es quizás la única estrategia con que cuenta la naturaleza para garantizar la supervivencia individual, al menos en teoría. El miedo paraliza, absorbe, reduce, mutila, elimina y vence; especialmente cuando dejamos que crezca en nuestros adentros sin ponerle límites, sin plantarle cara. Todos somos susceptibles a él en mayor o menor grado, en función de cuánto nos aferramos a aquello que tenemos (o que creemos tener). Pero déjeme decirle que esa seguridad es ilusoria, tanto como puede serlo su miedo a cambiar o a explorar nuevos campos. Esa seguridad es solo una apreciación de su vida de un modo muy subjetivo. El pleno convencimiento de tener lo que posee no le garantiza conservarlo, ni siquiera garantiza que sea usted su verdadero poseedor.
Lo mismo ocurre con el miedo, ese sentimiento que le impide actuar está solo en su cabeza mientras deje que lo esté. Todo lo que merece la pena implica riesgos, incluso el riesgo a perder lo que cree que es suyo está justificado si es capaz de perseguir lo que piensa que puede obtener. 

Solo poseemos nuestra propia vida, el resto de elementos son volátiles dado que hoy están y un segundo más tarde pueden desaparecer. Comprométase con usted mismo, con su autorrealización, anímese a caminar por el sendero no recorrido, atrévase a hacer algo que no haya hecho jamás. El temor está ahí, por supuesto, pero él es el rescate que necesita porque cuando lo supera estará transgrediendo sus propios límites. El miedo es la señal de que algo va a cambiar, es el gatillo que lo dispara hacia el crecimiento.

Y sí, esto va de valentía, de ese tercer grupo de personas que ven el riesgo, lo temen y lo saludan a la cara justo antes de proclamarse vencedores de su batalla particular. Ese tipo de personas que enfrentan la adversidad con aquella sonrisa humilde y una flor en la mano. Ese tipo de personas que prefieren caerse a ser ejecutores de su propia traición. Un aplauso por ellos, porque son los impulsores de los cambios que este mundo experimenta. Ellos son los protagonistas que, con el alma hecha jirones, construyen el ejemplo de superación que tanto necesitamos.

enero 09, 2015

Luis Miguel Rabanal. La buena poesía.

"De un solo amanecer se ha de reconstruir la infancia" Luis Miguel Rabanal.


Olleir es un lugar donde todas las cosas devienen como consecuencia natural del tiempo. Como consecuencia también de sí mismo, Olleir –o mejor dicho, Riello− se convierte en la tierra natal de nuestro querido poeta Luis Miguel Rabanal, y no solo en su tierra natal, sino en sus paisajes más evocadores, un lugar donde la inspiración no se disfraza ni se anda con medias tintas, como Luis Miguel, y la ubicuidad del silencio se concentra solamente en los puntos y aparte.
En Riello, León, nace Rabanal un 20 de marzo en 1957. Su espíritu inquieto y su alma inconformista lo llevan a querer prender fuego, al menos eso confiesa, a las diversas instituciones religiosas donde estudió. Con posterioridad, se dedicó a luchar contra el tiempo escribiendo.
No me equivoco si afirmo que su obra, más allá de ser extensa por mero intento de sobresalir, lo es por el simple motivo de que escribir le otorga la vida, porque la palabra escrita es su arma y la poesía su medio. Con veintidos títulos de poesía en su haber (entre edición digital y en papel), se ha consagrado como uno de los poetas contemporáneos de culto españoles, que para muchos –como este servidor−, no es sólo un ejemplo de humildad y belleza, sino que también transmuta en orgullo.
Su obra poética no supone únicamente un intento de escapar del miedo, de mutilar al tiempo o de reposar las escamas del silencio; sino, más bien, un canto vitalista a la niñez, un beso dulce en la frente a la memoria, galvanizando los pesares –es cierto−, pero que con la más cruda de las sinceridades nos desvela sus fantasías. Títulos como Cáncer de invierno, Fantasía del cuerpo postrado o Mortajas, nos hacen conscientes del filo dentado de la vida cuando amenazaba, si podemos recordarlo, con ir en serio.
Elogio del proxeneta –artefacto rosa y narrativo como lo califica él−, y Casicuentos para acariciar a un niño que bosteza componen su obra narrativa. En ambos títulos, el tiempo como hilo conductor de un fino collar de perlas, las experiencias, las transiciones. Se oyen los ecos de una voz rotunda y virtuosa, la vejez, las nostalgias y el fantasma del pasado que se atañe a nuestras cabezas con tesón, “Ignoro cuanto ocurre alrededor, el nombre del amanecer, las brasas del tiempo.”
El viaje de Luis Miguel por los paisajes de Olleir nos transmuta, nos desprendemos de las pieles grises y secas de la arquitectura literaria para centrarnos en el corazón de unas palabras consabidas, dichas de un modo que nos resultan casi proféticas. Una vida vivida con intensidad y una silla de compañera. Rabanal escribe y guillotina las construcciones de la conciencia y rebusca, remete los dedos en la llaga del espanto y del temblor, para que aprendamos, posiblemente, a respetarlo como a la muerte.
En una ocasión le pedí –a sabiendas de que no le gustan las entrevistas− que respondiese a dos preguntas para todos nosotros, sus lectores, a lo que se prestó amablemente.
Mi persona: Qué supone el deshojarse en ese otoño, la pérdida y el despojo de lo accesorio −lo juvenil− en ese eterno paso del tiempo. Qué supone para ti el comprender que tu vida es esto y no más. Qué supone la madurez, cuántas cosas han de cambiar.
Luis Miguel: A un poeta que tengo un poquitín tratado, me imagino que algo parecido les ocurrirá a los repartidores de butano y a las ya no tan bellas tonadilleras y a los empleados de banca, claro, y a los trapecistas y a las muy fieles servidoras del orden incluso, el deshojarse en ese otoño, como tú apuntas, no le supone más que saber que definitivamente se ha conseguido un punto bastante raro de equilibrio, que no es mucho saber que digamos. La edad, o el intríngulis que encierra la edad, la edad denominada "madura" para más inri, no va a cansarse nunca de repetirnos idéntica cantinela: lo andado hasta aquí andado está y a partir de ahora ya iremos viendo. Por otro lado, la vida no es que tenga el sentido que algunos quieren imponer a fuerza de sobresaltos y decretos, no para mí al menos. Desde mi silla (ella y yo) vamos por libre, que es una forma un tanto incómoda de expresar que no nos movemos en absoluto…

Mi persona: Por qué nos resulta tan dolorosa esa despedida de la infancia, de los tiempos inocentes. Por qué es tan necesaria la soledad cuando decides poner el punto a la juventud y hacerte hombre.

Luis Miguel:  En lo que a mí respecta, aún no ha llegado ningún tipo de despedida de la infancia, que yo sepa, y tampoco se confía en que la vaya a haber en las próximas semanas. Acaso porque de tanto abusar de la susodicha, quiero decir, de tanto tirar de ella en mis textos una y otra vez, me he acostumbrado muy ricamente a sobrevivir con la lejana y maravillosa compañía literaria de aquellos años, con su memoria. Cierto que la juventud no es únicamente la ausencia de juicio más ingenioso que se conoce sino también un campo de maniobras perfecto (padecí el servicio militar en Sevilla, en el RACA 14) para irse haciendo uno a la idea de adulto que aguarda con paciencia exagerada comprobar los daños colaterales. Pero qué leches, siempre habrá más adelante tiempo para cualquier cosa. Aconsejo a los jóvenes que tarden cuanto más mejor en abandonar el territorio. Es curioso, recuerdo que cuando tenía 10 años deseaba fervientemente tener 20, cuando cumplí los 20 deseaba seguir con 20 otros 20 años para darme cuenta, a los 40, que ya estaba todo o casi todo más que cumplido. ¿Que qué significa lo anterior? Ni zorra…

Cierto es que Luis Miguel Rabanal, luchador, pensador y escritor ante todo –amigo también− tiene la capacidad de devolvernos con sus letras a la realidad que habitamos, incluso si cabe, a la suya propia –aunque sólo la atisbemos por un agujerito− como un mito que escapa a su presión psicológica. Bien merecida tiene esa calle, La calle del poeta Luis Miguel Rabanal en Riello –o en Olleir−, que le concedieron el lunes 8 de Agosto de 2011, y bien merecido tiene el afecto, el respeto y la admiración de todos aquellos que sabemos apreciar su obra; y que, más allá de sus palabras, apreciamos su persona y la guardamos dentro de nuestro pecho, como un regalo del destino.

I
Yo tuve mi cuerpo encadenado una vez 
a la probabilidad de ser angosto, 
escasamente enumerable y oportuno, fui de súbito 
alguien que responde a las preguntas más brutales 
con el recuerdo de los días dulces, esos que acontecen 
lo mismo que un fulgor nos quemará en la boca. 
Pensaba en las palabras asombradas 
que el atardecer hacía huir con su chaqueta beige 
y bajo los árboles crecía un musgo amarillento y triste, 
una forma más de la pereza, 
el cisne muerto de ojos devastados. 
Yo siempre creí en mi propia desolación 
y habitaba un mundo descompuesto, mostrándome 
su sangre o su miseria y construyendo con mis manos 
todavía páginas sin rencor repletas de ternura, 
pero lo que fue entonces veredicto horroroso 
de las noches casi bárbaras 
hoy ya ha sido disuelto en el vodka taciturno 
de ciertas muchachas amigas de su placer si pasa. 
A menudo me digo que enfermar es hermoso. 
Quiero ahora encontrar la senda que borró la bruma 
de todos los lugares que amaba, el amor 
hecho de pie detrás de las casonas como un susto 
y al aproximarse a mí su rostro el humo lo desplazaba 
a la soledad, 
al desmayo de saberse ya empedernido y roto. 
Mis brazos también buscaban la saciedad 
para vencer las ansias de vivir al margen de la vida, 
y crecí dentro de ese engaño.

Cáncer de invierno, Provincia, León 1998; Premio PROVINCIA.


noviembre 21, 2014

Colágeno emocional

"Estos labios que saben a despedida, a vinagre en las heridas, a pañuelo de estación." Joaquín Sabina.


Qué osadía creerse tan superior para superar situaciones que te partieron como un rayo, por la mitad. Me envuelvo en esa niebla etérea de "esto-no-ha-pasado" y pongo un parche de silicona a ver si esto cicatriza, y claro, con el tiempo lo hará o eso espero en base a mi optimismo rebelde. Pero hay gestos que de golpe y sin esperarlo me devuelven a aquel lugar gris donde no hay sombras ni formas, ese "no hogar" donde mi voz no se oye, donde estoy a kilómetros de distancia de cualquier calor humano, donde sé que mis vísceras fueron arrancadas, estrujadas y convertidas en polvo. Un lugar grotesco que se apodera del presente. Un lugar que no quiero pisar jamás.

Supongo que es posible olvidar el instante en que sus labios se posaron muertos sobre los míos, carentes de ilusión y llenos de vergüenza. Supongo que puedo deshacerme de la terrible certeza de que ese beso fue el último y hasta la última fibra de mi cuerpo lo supo un momento después. Supongo que algún día no recordaré cómo me hiciste llegar al traición tan callando, tan desmerecida... Pero he pagado caro el atrevimiento de pensar que he superado la situación, la he pagado con otra desilusión.

Jorge Herrería.

octubre 20, 2014

Reflexiones sobre la debilidad

"El ruido de las carcajadas pasa, la fuerza de los razonamientos queda". Concepción Arenal.


No deja de asombrarme como el ser humano se adapta al entorno. En esta ocasión negativamente. Bien es cierto que el organismo trata de ser cada vez más eficiente en el consumo de energía para ejecutar tareas con precisión a bajo coste, pero esta adaptabilidad y eficiencia metabólica tiene un alto coste en términos de salud. En nuestra jaula occidental consumista, por supuesto.

En la sociedad en la que estamos inmersos una persona es socialmente presionada para consumir alcohol si en alguna celebración el sujeto decide abstenerse, o bien, si una persona decide ejercitarse a diario será, con toda probabilidad, tachado de obsesivo. Mientras que los adictos a bollería “ultraazucarada", a bebidas refrescante de dudosa composición e, incluso, a fármacos antidepresivos son considerados conductas normales.

Me da miedo pensar que la norma en nuestro país es tomar analgésicos ante cualquier nimio dolor de cabeza o de rodilla, que seamos absolutamente dependientes del médico, el sistema sanitario y la farmacéutica para desenvolvernos en la vida diaria. Parece que hemos olvidado cuestiones básicas que nuestro sentido común dictaría como perniciosas, pero que por extrañas circunstancias, obviamos con descaro. Acciones tan simples como comer comida de verdad (frutas y verduras frescas, carnes naturales) en lugar de comida industrialmente procesada con aditivos ilegibles e insanos a partes iguales. Acciones tan intuitivas como escapar de los ascensores para subir por las saludables escaleras son desvirtuadas con osadía. Pero es que somos vagos por naturaleza, y no digo que esté en nuestro código genético. Antes hablaba de eficiencia energética, ahora hablo de vagancia.

Pensamos que el “todo vale” vale, cuando, honestamente, todos sabemos que no es así. En el fondo cada uno de nosotros sabe lo que está mal respecto de la forma de alimentarnos, de manejar nuestras emociones, de sendentarismo, e incluso de descanso. Todos sin excepción, pero parece que nos forzamos a nosotros mismos a creer lo que la publicidad nos vende como sano y nutritivo, lo que la industria del fitness nos impone como ejercicio, y lo que la sociedad nos inculca como estar sano física y mentalmente; es lo deseable desde un punto de vista evolutivo. Porque tenemos la arrogancia de pensar que el cambio genético va ligado a la tasa de desarrollo tecnológico y, permítanme que se los diga, no es así. 

El estado basal de salud siempre es oscilante, todos tenemos dolores en algún momento, malestares físicos y emocionales y no por ello hemos de recurrir a un somniféro, ansiolítico o antiinflamatorio. Somos débiles, hemos crecido débiles y nos encanta estar así; porque, admitámoslo, no estamos dispuestos a hacer el esfuerzo necesario para tomar las riendas de nuestra salud. Siempre pensamos en la salud como en algo que nos viene dado al nacer y que depende íntegramente de nuestros genes, pero seamos serios, cualquiera en su sano juicio sabe reconocer que sus hábitos no lo están llevando por el buen camino. El 98% de la patología que se trata en medicina es producto de las malas decisiones para con nosotros mismos.

Tenemos un cuerpo débil, que no soporta subir cinco pisos de escaleras o echar una carrera tras el autobús cuando se va antes de llegar a la parada. Somos seres que cogen el coche para correr 8 km en una cinta de gimnasio cual hámster en una rueda de plástico. Somos animales que permiten que la industria alimentaria los alimente con comida basura que las hormigas rechazan. Y así nos va… Porque no solo somos débiles físicamente, sino que el núcleo de nuestra absoluta endeblez estriba en nuestra mente, en nuestra poca capacidad de compromiso con nuestra mente y cuerpo; y nuestra nula actitud de sacrificio para atender a estas cuestiones con sensatez, sentido común y responsabilidad.

noviembre 11, 2013

Aquí y ahora.

A veces uno está tan solo que sólo tiene sentido. Charles Bukowski.
 

Ayer vi una película estupenda, "Un hombre soltero" de Tom Ford, que me hizo reflexionar sobre el presente. En demasiadas ocasiones levantamos nuestros pesados cuerpos de la cama por la mañana para comportarnos como auténticas máquinas de hacer nuestro trabajo.

La superficialidad del día a día nos hace perdernos los detalles más bellos, los que convierten en único a cada día, a cada momento... La textura de tu camisa fresca por la mañana, el olor a gasolina al arrancar la moto, el frío en los dedos, el color de labios de tu amiga en clase... Detalles insignificantes en los que no reparamos y que, sin embargo, pueden llegar a salvarnos.

Fijándome y repasando momentos como este, llegué a la conclusión de que había perdido un poco el norte. Estaba estudiando sin sentido, levantándome a las 6:50 de la mañana sin  sentido, transportando libros y escuchando aburridas clases sin sentido... Este no era el propósito. No me metí en una facultad de medicina para esto.

Pude recordar sin esfuerzo el enorme orgullo, la emoción y la excitación de aquel día a las doce de la noche cuando recibí un correo del rector de la Universidad de Sevilla felicitándome por haber obtenido plaza en mi facultad. Era el primer día de vivir mi sueño, y ahora me veo sin brillo, sin emoción. Tal vez sea cierto que el peso de la corriente, de las cosas desagradables va haciéndose notar y doblega aquello que dabas por cierto.

Desde ayer, decidí no pasar así ni un solo día más. Cuando despierte cada mañana recordaré la satisfacción y la ilusión con la que empecé mi camino, porque este es mi "ahora", este es el único sitio del mundo donde quiero estar exactamente, y solo soy este momento.

septiembre 30, 2013

No sé dónde está el límite, pero sí sé donde no está.

"Eppur si muove" Galileo Galilei.



Esta entrada va sobre motivación. Claro que es cierto que lo que nos mantiene vivos es el pulso de nuestro corazón, pero durante esta última semana he estado reflexionando sobre qué hay más allá de vivir simplemente como material biológico. El trascender a la carne, a los años físicos. Es en ese lugar donde se sitúa la mente, la gasolina que se encarga de mantener encendidos nuestros sueños.

Evidentemente la vida está compuesta de muchas dimensiones, pero al menos para mí, el desafío supone una de las más importantes. Me gustar despertar cada día sabiendo que voy a retarme y a superarme, que voy a cumplir un sueño y un propósito: ser cada día mejor que ayer.

En este caso, varias cosas han influido en mi decisión de hacer una entrada tan personal como esta. Por un lado, haber visto la película Jobs (sobre la vida de Steve Jobs, creador de Apple) y la otra, haber leído "No sé dónde está el límite, pero sí sé donde no está" de Josef Ajram (el de la foto).

En la película asistimos a la vida de un genio como tal vez pocos exitan y más allá de ello, vemos la vida de un espíritu luchador que crece con sus ideales y los defiende por encima de cualquier circunstancia. Huelga hacer cualquier juicio de valor sobre la perspicacia, inteligencia o capacidad de motivación de Jobs, pero la película, pese a ser un simple resumen de dos horas sobre la vida de este hombre, ha sabido avivar en mí algo que lleva mucho tiempo despierto y que tal vez, con el paso del tiempo quedó en un plano secundario. Me considero una persona luchadora, cualquiera que me conozca bien podrá coincidir con esto, pero quizás me he dejado ir en ciertos aspectos últimamente. No me queda más que tomar cartas en el asunto, pues.

Con respecto al libro. Para quien no lo conozca, Josef Ajram es un ultrafondista españo cuyas pericias en el mundo del triatlon son fáciles de encontrar en internet mucho mejor explicadas de lo que yo lo haría. En definitiva es un ejemplo de superación en el ámbito físico para quien solo sea capaz de ver la superficie, pero realmente el secreto es el mismo que en el caso de Jobs. Como Josef mismo reconoce, una mente poderosa es lo que te lleva a alcanzar lo que te propones. Jobs a este respecto decía que en la vida había que elegir algo que te apasionara, de lo contrario no tendrías la paciencia y la motivación suficientes para llevarlo a cabo.

Estoy en un momento en el que están operando grandes cambios en mi vida. Todo el mundo sabe que he perdido 36 kg, estoy en cuarto de medicina y, recientemente, hago deporte de alto rendimiento (Crossfit). Evidentemente hace tres o cuatro años yo era una persona obesa cuyo sueño de ser médico estaba frustrado (estudiaba odontología) y no movía una pestaña que no fuera estrictamente necesaria (sendentarismo absoluto). Al echar la vista atrás he de admitir que me desconozco. Soy un hombre completamente diferente a mi yo de hace cuatro años, y en aquel entonces era incapaz de imaginar que hoy pudiera estar aquí escribiendo algo siquiera parecido a esto.

La vida cambia, hay situaciones que nos cambian y hay personas que nos cambian... Pero hay cosas que siempre permanecen iguales, como el apoyo de nuestros padres (nuestros fans declarados) y familiares, sin el cual dificilmente podríamos retomar un fracaso con la misma fuerza.

Claro que hay mucha gente que se reta cada día y se enfrenta a desafíos más grandes que los míos, pero esto es lo que he elegido; he decidido ser la mejor versión de mí mismo. Léase esto en todos los aspectos en los que se guste interpretar: personalmente, físicamente, intelectualmente, profesionalmente...
Estoy motivado y estoy decidio a cumplirlo.

Ahora, en cuarto de medicina veo las cosas con un poco más de perspectiva y creo que gran culpa de ello tiene el ver cada vez más próxima la meta, a penas a 3 años de distancia tendré un título que diga que estoy graduado en medicina y cirugía, algo por lo que he luchado desde que tengo uso de razón.

He pasado de devorar prácticamente cualquier cosa con aspecto comestible a cuidar al detalle lo que como, cuidando mi cuerpo, mi mente. Dedicándoles el tiempo que se merecen y mimándolos, porque este cuerpo es el único sitio donde voy a vivir el resto de mis días.

Hace algo más de medio año yo solo practicaba yoga, principalmente para mejorar mi postura y mi equilibrio, porque tenía un importante desajuste en mi columna causado por mi anterior sobrepeso. Ahora practico deporte de alto rendimiento 5 veces a la semana y yoga 1 vez a la semana. He corrido, saltado comba, salido en bici y hecho tantos km que jamás hubiera pensado que sería capaz de ello. Sin embargo aquí estoy, levantando pesos de halterofilia, haciendo gimnasia deportiva en anillas, practicando remo, runnig y muchas otras disciplinas que haran estar "fit". Esto se lo debo en gran parte a un amigo que ha sabido tirar de mí pese a mi insistente "no", que ha sabido tocar las cuerdas adecuadas para desafiarme y motivarme.

Ante todo ello, la única sensación que me ocupa es el orgullo. Queda mal decirlo, pero me siento orgulloso de mis pequeños logros, porque todos han salido de mi esfuerzo diario, de saber seguir adelante incluso cuando la cosa se ponía dificil y de no conocer el significado de la palabra "rendirse". No sé dónde estará mi límite, de hecho, aún no lo he visto acercarse por aquí y espero que siga sin hacerlo, pero lo que sí sé es donde no está, y mi límite, desde luego, no está en rendirme.

septiembre 15, 2013

#2 Fashion-Gossip




“El único límite a nuestros logros de mañana está en nuestras dudas de hoy”
Franklin D. Roosevelt


Jamie Dornan, caballero donde los haya. Este joven modelo y, actualmente actor, quien posaba para la firma Clavin Klein está preparando un nuevo thriller de la BBC titulado "The Fall". Si nos cabía alguna duda sobre la belleza de sus masculinos atributos, podemos despejarlas con el siguiente dato: es el modelo masculino mejor pagado del mundo gracias a sus orejas. Impresiona.

En esta fotografía podemos apreciar un plano detalle de tan cotizados pabellones auriculares.
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Las fotografías que muestro pertenecen a un reportaje especial realizado por Tom Craig para Mr Porter. El estilismo, a manos de Dan May, no sería capaz de dejarnos indiferentes. En las fotografías lo podemos ver luciendo prendas de Oliver Spencer o camisas por rag & bone.


Como podemos apreciar en las instantáneas y en su papel anterior para "Érase una vez" como Sheriff Graham, este Irlandés de 31 años luce sin complejos una falsamente desarreglada barba. Él mismo confiesa que los fotógrafos y directores con los que ha trabajado se han dado cuenta del potencial de la barba en sus facciones y por ello se la piden, además, según dice, no se siente cómodo posando sin una.


En la nueva serie, "The Fall" que empezará a rodarse en enero, interpretará a un psicópata bastante tímido que aterrorizará a la población de Belfast. En la foto podemos verlo lucir un estupendo anorak verde como en la serie. Al parecer, el Sr. Dornan odia este tipo de prendas, pero bueno, no se puede tener buen gusto para todo. Espero que su escalofriante interpretación como Paul Spector sea todo lo que promete, porque con semejante carita de cervatillo cualquiera pensaría que se trata de un asesino.


Os dejo esta última fotografía donde Dornan posa con esa mirada de suspicacia y ese estupenso jersey girs de Marc Jacobs muy parecido a los que llevará en la nueva entrega de BBC.

mayo 18, 2013

En llamas

"En la caída dilatando las pupilas".




No sé si sentir la gravedad sea tan incierto
como sentir que muero.
Las blasfemias me coagulan la sangre,
intento leer; pero no me sale.
El sombrero ardiendo sobre la estufa.
Mi fonendo, ardiendo con él.
Mi vida, ardiendo con él.
Las llamas, ¡benditas llamas!

J. Herrería

mayo 12, 2013

#1 Fashion-Gossip



"A veces conviene ir hacia el mundo y frecuentar a los hombres pues uno se siente allí obligado y llamado, pero el que prefiere permanecer solo y tranquilamente en la obra y sólo quisiera tener muy pocos amigos, es el que circula con más seguridad entre los hombres y el mundo."

Vincent Van Gogh.

Si sólo se tratase de circular con seguridad... La realidad es mucho más compleja, existe esa interacción obligada que estimula o aplaca el ánimo. Me gusta especialmente esta foto de Nikolaj Coster-Waldau tanto por el aspecto aristrocrático y sencillo con que aparece, como por la complejidad psicológica que refleja. 

Definitivamente la barba está de moda, así como el pelo a media altura para conseguir un look de lo más "british". La fotografía corresponde a un reportaje especial para Vanity fair.


El outfit no solo es estupendo y elegante, sino que este suave y urbano corte de sastre está diseñado por Prada y Ralph Laurent.


abril 07, 2013

Siseneg

"Dios condujo detrás las aguas de la tierra preexistente y destruyó al caótico monstruo marino Leviatán para formar lo deformado y moldear la tierra a su gusto: La tierra estaba desordenada y vacía, las tinieblas estaban sobre la faz del abismo y el espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas". Génesis 1:2



Nada le impedía extinguir el archivo de la carne proba, densa con ternura. Esos dedos vastos adheridos a las paredes del placer y que rompían en corrupción. La depravación se despertaba hinchada y ascendía, impía, contra sus pechos, dando paso al místico clímax de la carne.


Se deprendía su espíritu hereje. Una vez transgredida la ley del Señor, ardió en llamas y su piel evanescente se tornó tosca y verde. Adoró a Leviatán entonces, le hizo el amor de nuevo sellando el pacto de la carne contra Dios.



Juntos construlleron el reino de las tinieblas.



J. Herrería

enero 30, 2013

Somos algo más que carne.

Francis Bacon (Cabezas) 1946

1.      Todo ser racional es persona y, en cuanto tal, tiene dignidad y no precio. Además, existe como un fin en sí mismo y no como un medio. Kant. 

diciembre 29, 2012

La bruja de la infancia.

“Los libros que de verdad me gustan son esos que cuando acabas de leerlos piensas que ojalá el autor fuera muy amigo tuyo para poder llamarle por teléfono cuando quisieras” J.D. Salinger




También había una especie de cuartillo al que llamábamos “el palomar” porque contenía gran cantidad de animales como faisanes, perdices, gallinas y palomas que armaban un alboroto constante que aportaba vida a nuestro quehacer diario. También había un pozo a la derecha del palomar del cual se extraía agua para regar los cultivos. Mi madre siempre decía que no nos acercáramos al borde porque había una bruja hambrienta en su interior que devoraba niños a velocidades de vértigo. Esa historia que mi madre contaba para infundirnos miedo lo único que hacía era incrementar el interés de Isabelle y mío por saber que había en el interior. En una ocasión cuando la tapa del pozo estuvo levantada Isabelle y yo nos asomamos al borde con intención de ver las largas uñas rojas de la bruja que habitaba allí dentro, lo único que vimos fue la cara de desesperación de mi madre al comprobar que estuvimos a punto de caer al interior y morir ahogados.

noviembre 02, 2012

Vincent quiere al mar (Vincent will meer).


Vincent es un chico de 27 años con síndrome de Tourette, una enfermedad neurológica que se caracteriza por la presencia de tics motores y vocales incontrolables. La única persona con quien ha tratado y en quien confía acaba de morir, su madre.

Escrita por Florian david Fits, uno de mis actores favoritos, y protagonizada por él mismo, "Vincent will meer" es una pélicula dirigida por Ralf Huettner que ha ganado varios premios en Alemania.

El progenitor de Vincente decide internarlo en una clínica psiquiátrica donde conocerá a Marie, una chica con anorexia nerviosa, y a Alex, con tastorno obsesivo-compulsivo. Juntos escapan de la clínica robando el coche de la psiquiatra y emprendiendo una aventura hacia el mar de Italia, que será mucho más que una terapia. Cambiará sus vidas.


Esta interesante película alemana logra un excelente equilirbio entre drama, comedia y romance.La película mantien un ritmo perfecto con una calidad humana impresionante. Amarás las manías de Alex, comprenderás el rechazo a la comida de Marie y aceptarás las peculiaridades de Vincent como algo inherente a la condición humana.
"Vincent quiere al mar" nos aproxima al lado solidario de nuestra sociedad, un soplo de aire fresco al espectador.
Vincent resolverá sus problemas como por arte de magia y, de paso, tocará nuestros corazones.


octubre 20, 2012

Loving strangers



El mundo cierra hoy sus puertas.
El dorado estelar queda como residuo
cabaretero de orgasmos y orgasmos, orgasmos…
Tras una velada cansada de sexo y Gin Tonics.
Anthony and the Jonsons, sillas de madera y condones…
El licor de la juventud, bebido de nuestros ombligos mundanos
y nuestros sexos divinos.

El mundo cierra hoy, pero no por vacaciones.
Hemos subido a ese cielo de proporciones dolorosas,
reído, cantado, disfrutado, unabellavelada besado…
Los pelos, las salivas tersas, las aspiraciones.
Toda la adolescencia encerrada la hemos consumado.
He desvirgado junto a ti mi poesía,
junto a tu sexo…

El mundo cierra, pero no hasta el amanecer.
Podremos comernos la madrugada sin tenedor,
tedeseodemasiado, quizás colguemos cuadros
para decorar nuestras caras con precisión germánica.
Y no torceremos el gesto en una sonrisa vergonzosa,
fruto de sólofueunpolvomás, y no sé nada de ti.
Debemos disfrutar juntos más eternidades.

El mundo cierra para darnos intimidad.
Cierra la noche, se cierran las estrellas entre tus pechos…
Se cierran tus piernas tras uncunnilinguslargo, espero,
te haya gustado.
Cerramos las puertas del bar, nuestras bocas con ellas,
cerramos nuestros corazones hastasiempre…
Ese mechón te sienta fenomenal.

Me duele la luz del semáforo, o me duele que te vayas…
Ojalá te hayas escuchado, antes, la canción “loving strangers”.

abril 29, 2012

Eso parece



Nunca antes me había fijado en la cantidad de parejas homosexuales que se ven paseando por Venecia. Los encuentras caminado por los puentes, a la orilla de los canales, cenando en los pequeños restaurantes del casco viejo. No suele tratarse de dúos espectaculares, sino todo lo contrario: gente discreta, tranquila, a menudo con aspecto educado. Mirando a los demás aprendes cantidad de cosas, y en el caso de estas parejas siempre me encanta sorprender sus gestos comedidos de confianza o afecto, el reparto convencional de roles que suele darse entre uno y otro, la ternura contenida que a menudo sientes flotar entre ellos, en su inmovilidad, en sus silencios.
Pensaba en todo eso el otro día, a bordo del vaporetto que cubre el trayecto de San Marcos al Lido. Sobre la laguna soplaba un viento helado, los pasajeros íbamos encogidos de frío, y en un banco de la embarcación había una pareja, hombre y hombre, cuarentones, tranquilos. Se sentaban muy juntos, apoyado discretamente un hombro en el del compañero, en un intento de darse calor. Iban quietos y callados, mirando el agua verdegris y el cielo color ceniza. Y en un momento determinado, cuando el barco hizo un movimiento y la luz y la gama de grises del paisaje se combinaron de pronto con extraordinaria belleza, los ví cambiar una sonrisa rápida, fugaz, parecida a un beso o una caricia.
Parecían felices. Dos tipos con suerte, pensé. Aunque sea dentro de lo que cabe. Porque viéndolos allí, en aquella tarde glacial, a bordo del vaporetto que los llevaba a través de la laguna de esa ciudad cosmopolita, tolerante y sabia, pensé cuántas horas amargas no estarían siendo vengadas en ese momento por aquella sonrisa. Largas adoslescencias dando vueltas por los parques o los cines para descubrir el sexo, mientras otros jóvenes se enamoraban, escribían poemas o bailaban abrazados en las fiestas del Instituto. Noches de echarse a la calle soñando con un príncipe azul de la misma edad, para volver de madrugada, hechos una mierda, llenos de asco y de soledad.
La imposibilidad de decirle a un hombre que tiene los ojos bonitos, o una hermosa voz, porque, en vez de dar las gracias o sonreír, lo más probable es que le parta a uno la cara. Y cuando apetece salir, conocer, hablar, enamorarse o lo que sea, en vez de un café o un bar, verse condenado de por vida a los locales de ambiente, las madrugadas entre cuerpos Danone empastillados, reinonas escandalosas y drag queens de vía estrecha. Salvo que alguno -muchos- lo tenga mal asumido y se autoconfine a la alternativa cutre de la sauna, la sala X, la revista de contactos y la sordidez del urinario público.
A veces pienso en lo afortunado, o lo sólido, o lo entero, que debe de ser un homosexual que consigue llegar a los cuarenta sin odiar desaforadamente a esta sociedad hipócrita, obsesionada por averiguar, juzgar y condenar con quién se mete, o no se mete, en la cama. Envidio la ecuanimidad, la sangre fría, de quien puede mantenerse sereno y seguir viviendo como si tal cosa, sin rencor, a lo suyo, en vez de echarse a la calle a volarle los huevos a la gente que por activa o por pasiva ha destrozado su vida, y sigue destrozando la de los chicos de catorce o quince años que a diario, todavía hoy, siguen teniéndolo igual que él lo tuvo: las mismas angustias, los mismos chistes de maricones en la tele, el mismo desprecio alrededor, la misma soledad y la misma amargura.
Envidio la lucidez y la calma de quienes, a pesar de todo, se mantienen fieles a sí mismos, sin estridencias pero también sin complejos, seres humanos por encima de todo. Gente que en tiempos como éstos, cuando todo el mundo, partidos, comunidades, grupos sociales, reivindica sus correspondientes deudas históricas, podría argumentar, con más derecho que muchos, la deuda impagada de tantos años de adolescencia perdidos, tantos golpes y vejaciones sufridas sin haber cometido jamás delito alguno, tanta rechifla y tanta afrenta grosera infligida por gentuza que, no ya en lo intelectual, sino en lo puramente humano, se encuentra a un nivel abyecto, muy por debajo del suyo. Pensaba en todo eso mientras el barquito cruzaba la laguna y la pareja se mantenía inmóvil, el uno contra el otro, hombro con hombro. Y antes de volver a lo mío y olvidarlos, me pregunté cuantos fantasmas atormentados, cuántas infelices almas errantes no habrían dado cualquier cosa, incluso la vida, por estar en su lugar. Por estar allí, en Venecia, dándose calor en aquella fría tarde de sus vidas.

Perez Reverte

febrero 03, 2012

"Eso" de Czeslaw Milosz



Ojalá por fin pudiera decir qué está en mí.
Gritar: gente, les mentí
diciendo que eso no estaba en mí,
cuando eso está ahí siempre, días y noches.
Aunque gracias a eso supe describir sus ciudades inflamables,
sus cortos amores y juegos desmembrándose en humus,
aretes, espejos, el deslizar de un tirante,
escenas de alcoba y de campos de batalla.
Escribir fue para mí estrategia de protección,
de borrar las huellas. Porque a la gente no puede gustarle
aquél que alcanza lo prohibido.
Llamo en mi ayuda a los ríos en los que nadé, lagos
con puentecillos entre cedazos, valle
en cuyo eco la canción duplica la luz del anochecer,
y confieso que mis extáticos halagos a la existencia
sólo pudieron ser entrenamientos de alto estilo,
Pero abajo estaba eso, que no me atrevo nombrar.
Eso se parece al pensamiento de alguien sin hogar, cuando
atraviesa la ciudad ajena, congelada.
Se asemeja al momento cuando un judío cercado ve aproximarse
los pesados cascos de los gendarmes alemanes.
Eso es cuando el hijo del rey se dirige a la ciudad y ve el mundo
real: pobreza, enfermedad, vejez y muerte.
Eso puede ser comparado con el inmóvil rostro de alguien
que entendió que fue abandonado para siempre.
O con las palabras del médico sobre la sentencia inevitable.
Porque eso significa enfrentar un muro de piedra
y entender que ese muro no cederá ante ninguna de nuestras súplicas.
Versión de Agnieszka Kawecka